Una madre feliz
Ser madre es el regalo más grande que la vida me ha dado. Es la fuerza que me hace levantarme cada día; y aunque no siempre sea color de rosas, agradezco al cielo por la bendición que representa mi hija.
La primera vez que tome a Marina en brazos no reaccioné, estaba consternada, tenía las emociones al límite; pero cuando me di cuenta de que era mamá se me aflojó todo el cuerpo y la ví y lloré de alegría y le prometí estar para ella siempre.
En este camino de mamá las lágrimas no faltan. A veces estamos muy bien anímicamente, otros días nos desplomamos y sentimos que no podemos o que su llanto no va a parar, lo único que nos consuela es mirar sus caritas.
Pero todas lo hacemos bien, a nuestro paso, desde la forma que escogemos para criarlos, su alimentación, educación; nada está mal, siempre que tengamos amor para ellos.
Somos madres todas las que damos a luz, las que crían, las que adoptan, las que tienen hijos presos o que están en el cielo. Somos todas Mamás



